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Se acerca un año repleto de campañas políticas, donde el ofrecimiento de cargos será una constante a cambio del apoyo a un u otro candidato o partidos políticos. Un mitín político en pleno horario de trabajo de parte de funcionarios de la Dirección de Extensión Agraria de Coronel Oviedo, dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería , y los cambios en la Administración Nacional de Electricidad, supuestamente tras maniobras políticas- marcaron la información en la semana.-

 

Editorial

 

 

Estos hechos se dan en casi todos los años marcados por campañas electorales, que tanto daño le hacen a nuestro país, donde también se dan situaciones en las que la ejecución de importantes proyectos quedan supeditadas al color, o sector político interno al que pertenece la autoridad de turno que los impulse.-

 

 

Los jóvenes, lejos de aspirar acceder a un trabajo por méritos propios se vuelven expertos en “operar” para reunir votos a favor de un “líder”, que posteriormente le agradezca otorgándole un “cupo”, y quienes desean mantener algún cargo, jefatura o beneficio, deben alinearse al mandamás de turno.-

 

 

De esta forma,   las campañas electorales son marcadas por la prebenda, y el acceso a instituciones públicas así como beneficios “extra”, dependen de la voluntad de unos pocos que ostentan el poder. De seguir de esta manera, donde como ciudadanos ya no nos indigna que esta siga siendo la realidad, y nos acomodamos a “las reglas del juego”, no cambiaremos la realidad nefasta en medio de la cual vivimos, pues seguiremos en manos de personas inescrupulosas cuyo objetivo es sólo llegar al poder, no para trabajar por la ciudadanía, sino para obtener beneficios de ella.-

 

 

En el caso concreto de los técnicos del DEAG- que abandonaron sus lugares de trabajo, que debería ser acompañando a los labriegos en el campo, y elaborando proyectos en la oficina, para acudir, tal vez cuasi obligados a un mitín político nos da la pauta de la podredumbre de nuestro sistema, donde un país eminentemente agrícola necesita de la ejecución de políticas públicas que favorezcan principalmente al sector agrario y sobre todo a la agricultura familiar, pero que sin embargo, quienes deberían estar ejecutando dichos proyectos, están más preocupados por operar en campañas políticas.

 

 

Este tipo de hechos, no deben parecer “normales”, la ciudadanía debe elevar su voz de repudio contra quienes ven al tesoro público como un “botín” para repartir entre “correligionarios”.