La medida entrará en vigor el sábado y se aplicará durante al menos un mes entre las nueve de la noche y las seis de la mañana.

Francia vuelve a restringir las libertades para evitar una nueva catástrofe sanitaria. El presidente, Emmanuel Macron, ha decretado un toque de queda en París, en su región y en ocho grandes ciudades francesas donde el número de casos de covid-19 se ha disparado hasta niveles preocupantes. El toque de queda, vigente a partir del sábado entre las nueve de la noche y las seis de la mañana, se prolongará un mínimo de cuatro semanas. Para alargarlo hasta seis semanas, como desea Macron, hará falta la autorización del Parlamento.

El objetivo el Gobierno francés es reducir las oportunidades de transmisión del coronavirus en restaurantes, espectáculos, eventos deportivos y sobre todo reuniones privadas fuera del círculo familiar. Y esto en un momento de avance preocupante de la pandemia y riesgo de saturación del sistema sanitario. “Lo que se ha llamado toque de queda es una medida pertinente”, ha dicho Macron en una entrevista en las cadenas TF1 y France 2, el primer mensaje a la nación sobre el virus desde el 14 de julio.

La idea es mantener activa la vida económica, social y educativa: las empresas y las escuelas seguirán abiertas, así como los transportes urbanos y entre ciudades, que previsiblemente tendrán un tráfico elevado en las próximas dos semanas de vacaciones escolares. Pero la libertad de movimientos solo existirá en las horas diurnas, para reducir los riesgos de contagio —en especial entre los jóvenes— y evitar así un nuevo confinamiento total como entre marzo y mayo que la economía francesa no podría permitirse, con una contracción del 9,8% del PIB en 2020.

Las ciudades con toque de queda —además de París y la región capitalina de Île-de-France— son Grenoble, Lille, Lyon, la metrópolis de Marsella y Aix-en-Provence, Rouen, Saint-Étienne, Toulouse y Montpellier. Estas ciudades se corresponden con las llamadas “zonas de alerta máxima”, con más de 250 casos por cada 100.000 habitantes, más de 100 casos por 100.000 habitantes de personas mayores de 65 años y un 30% de pacientes por covid-19 en la UVI. En total, la medida afectará a entre 18 y 20 millones de los 67 que viven en Francia. Quien, por motivos laborales o por una emergencia, circule a las horas prohibidas sin un justificante pagará una multa de 135 euros, y 1.500 en caso de reincidencia. En las reuniones privadas o comidas en restaurante en horas previas al toque de queda, se recomienda una asistencia máxima de seis personas.

El presidente ha garantizado ayuda económica a los sectores afectados, una prolongación del llamado seguro de desempleo parcial —equivalente a los ERTE en España—y nuevos préstamos garantizados para las empresas. También un ayuda de 150 euros para los beneficiarios del ingreso mínimo y de las ayudas al alquiler, más cien por hijo. Como sucedió con el confinamiento de marzo, se trata de evitar quiebras de empresas como consecuencia de las medidas impuestas por el Estado y asegurar la red de protección social. Existen antecedentes de toques de queda, en el departamento de ultramar de Guyana, en la ciudad de Mulhouse —que fue en febrero uno de los núcleos de la pandemia— y en otros municipios durante el confinamiento de la pasada primavera.

779.063 casos y 33.037 muertes

Las medidas restrictivas son la constatación de un fracaso. El sistema de test masivos y de rastreo —por medio de una aplicación de teléfono móvil que muy pocos franceses se han bajado, y de equipos de rastreadores humanos— no ha funcionado. Como en otros países, el número de casos diarios es elevado. En las últimas 24 horas, eran 22.591. En el mismo periodo murieron 104 personas. Desde el inicio de la pandemia, Francia acumula 779.063 casos y 33.037 muertes. Ahora se encuentran en la UCI cerca de 1.700 personas, por una capacidad nacional de cinco mil camas.

El temor de las autoridades, y el motivo principal de las restricciones que ha anunciado Macron, es que, a este ritmo, el sistema hospitalario vuelva a acercarse al colapso, como ocurrió en la primavera pasada.

Después del fin del confinamiento en junio y de un verano en el que se fomentó la movilidad y el regreso a la vida cotidiana, en septiembre empezaron a saltar las alarmas por el aumento de las infecciones. El Gobierno consideraba que, después de semanas de medidas parciales y mensajes titubeantes, era la hora de enviar una señal de firmeza.

Los anuncios llegan un día después de que un grupo de expertos designado por Macron presentase las conclusiones provisionales de su informe sobre la gestión de la crisis por parte del Gobierno. El documento señala “fallos manifiestos de anticipación, de preparación y de gestión”, pero también constata que en lo que respecta a la mortalidad, Francia se sitúa en una posición intermedia respecto a otros países europeos.

FRANCIA VUELVE AL ESTADO DE EMERGENCIA

Francia volverá el sábado al estado de emergencia sanitaria del que salió en julio, según decidió ayer el Consejo de Ministros. La medida de excepción, ya en vigor entre el 23 de marzo y el 10 de julio, ofrece al Gobierno un marco legal para imponer el toque de queda. El decreto se justifica porque “dada [la] propagación [del virus] en el territorio nacional, tal como se desprende de los datos científicos disponibles, la epidemia de la covid-19 constituye una catástrofe sanitaria que pone en peligro, por su naturaleza y gravedad, la salud de la población”. Entrará en vigor el 17 de octubre. El decreto tiene una vigencia de un mes, a partir del cual una prolongación debe recibir el visto bueno de la Asamblea Nacional.

// El País