Como ocurrió en la primera gestación, los padres de la menor se niegan a que aborte porque lo consideran «un crimen».

Una niña de 11 años está embarazada por segunda vez tras ser violada de nuevo en Teresina, la capital del estado brasileño de Piauí.

La menor tenía 10 años cuando se quedó encinta después de ser forzada sexualmente por un primo de 25 años. Según la ley brasileña, el aborto está permitido en casos de violación, cuando está en riesgo la vida de la madre o cuando el feto presenta anencefalia.

Pero la madre de la niña no autorizó el aborto porque lo considera “un crimen” y, en septiembre de 2021, dio a luz a su bebé, que actualmente lo cuida la abuela de la menor.

Según el diario Folha de Sao Paulo, tras el nacimiento del bebé la pequeña abandonó la escuela y debido a la mala relación que tenía con sus padres terminó en una casa de acogida, donde se descubrió su embarazo.

“Un susto, un shock”
“Estaba sin menstruar, retraída y con un comportamiento sospechoso. La llevamos a la maternidad para que le hiciesen las pruebas y quedó constatado que llevaba tres meses embarazada. Fue un susto, un shock”, comentó al diario Renata Bezerra, consejera de la casa de acogida.

Una vez más, la madre se niega a que su hija aborte y acusa a un tío paterno de haber abusado de la niña. Las autoridades investigan el caso y, por el momento, no hay ningún detenido.

Por su parte, Bezarra se mostró contraria a la decisión de la progenitora. “La niña ya tuvo un trauma con su primer embarazo, no está en condiciones de cuidar de otro niño”, resaltó.

Hace unos meses, el caso de una niña de 10 años que quedó embarazada tras ser violada y a la que una magistrada le impidió abortar con 22 semanas de gestación generó una gran conmoción en el país.

La presión mediática y social que provocó la historia permitió que finalmente se le realizase la interrupción del embarazado.

Según datos del Anuario Brasileño de Seguridad Pública, en 2021 hubo 35.735 casos registrados de violencia sexual contra menores de 13 años en este país. En la mayoría de los casos las agresiones se cometieron por familiares, cercanos o “personas de confianza”.

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