Un sobreviviente entrega su relato 31 años después

El ex detective y escolta del extinto organismo de seguridad fue pensionado luego del ataque terrorista que lo dejó con un 96% de invalidez permanente

Este 6 de diciembre se cumplen 31 años del atentado al edificio del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), donde un bus con 500 kilos de dinamita estalló y cobró la vida de 63 personas y dejó a otras 600 más heridas.

Ese miércoles de 1989, Hernando Jiménez Ñungo, un detective y escolta de la institución llegó como de costumbre a su oficina ubicada en el quinto piso del edificio del DAS. A las 7:30 de la mañana, en medio de sus labores cotidianas escuchó un fuerte estruendo, y en cuestión de segundos sintió un estallido en su cara. Luego de ello todo fue confuso, solo veía humo y tierra. Así lo relató Jiménez en entrevista con el periódico El Tiempo.

El rostro me quedó cubierto de cemento, vidrios y tierra. (…) Me quería morir. Sentí que se me estalló el ojo izquierdo, traté de sostenerlo con la mano y de empujarlo. Creí que me podían reconstruir el ojo, por eso nunca lo solté. Era como tener un huevo.”, contó Hernando al medio.

Jiménez, que en ese entonces solo tenía 29 años, le narró al mismo medio cómo luego de la explosión lo único que se escuchaba en los restos del edificio -que quedaba en la carrera 27 con calle 17 en Paloquemao-, eran los gritos de las personas y el sonido de las ambulancias que empezaban a llegar al lugar.

Luego del estallido, en el sitio quedó un cráter de 13 metros de diámetro y cuatro de profundidad, solo se veía una lluvia de los papeles de los juzgados que colindaban con el edificio del DAS, y de acuerdo con el diario El Colombiano, también se podían observar los ‘esqueletos’ flameantes de los 34 carros que circulaban por el lugar.

Minutos después del ataque terrorista, el hermano de Hernando, Éliecer Jiménez, quien también era detective en el DAS, llegó a las instalaciones del extinto organismo de seguridad a buscarlo. Sin embargo, lo encontró hasta lEl atentado que se realizó con un bus de la Empresa de Acueducto de Bogotá modelo 1986, estaba dirigido al entonces director del DAS, Miguel Maza Márquez, y le fue atribuido al cartel de Medellín, el cual operó bajo las órdenes de Pablo Escobar, y Gonzalo Rodríguez Gacha, alias “el Mexicano”.

De acuerdo con el diario el Colombiano, Maza, el objetivo del atentado, salió ileso de su oficina a las 7:45 de la mañana, entre los restos de escombros y cuerpos que quedaron del edificio. Este era el segundo atentado del que se salvaba ese año. El primero había sido en mayo cuando 100 kilos de dinamita explotaron cerca de su carro blindado, en la carrera séptima con calle 57.

Sin embargo, la suerte no fue la misma para todos, unos murieron, y otros como Hernando Jiménez, resultaron con secuelas físicas y psicológicas que duraron toda la vida.

Según el relato de Hernando al periódico bogotano El Tiempo, fue trasladado a la Clínica Barraquer en Bogotá, y allí en medio de las valoraciones médicas que le realizaban, y la anestesia que le era inyectada, los médicos le dijeron que no había nada que hacer por su ojo.

a una de la tarde de ese día, en el hospital. “No podían recuperar el ojo. Me sentía muy mal, se me venían muy malos pensamientos (…) Me quería morir, no quería vivir más. Lloraba del dolor”, expresó Hernando al medio.

El exdetective del DAS, en su relato al periódico, contó que tuvo que ser sometido a una cirugía que duró seis horas, y en total 180 días incapacitado. Tuvo que ser pensionado luego de que los médicos le diagnosticaron un 96% de invalidez.

Hernando, quien gritaba en la clínica que solo se quería morir, le manifestó a El Tiempo que solo logró superar las secuelas del atentado pensando en sus padres, su esposa, y por encima de todo en su hija, que para ese entonces solo tenía cuatro años de edad. Hoy, a sus 60 años solo agradece el estar vivo, aunque aún cualquier cosa le pueda hacer revivir los hechos de ese día.

A la fecha, lo autores intelectuales del atentado no fueron condenados porque fallecieron, y de acuerdo con El Tiempo, solo dos personas han sido judicializadas, ambas en 1994: Guillermo Alfonso López Hincapié, a quien se le otorgó una condena de ocho años, y Eduardo Tribín Cárdenas, a quien le fue dado nueve años de prisión.

Hernando, por su parte, reclama que hasta el día de hoy no ha sido reconocido como víctima en el proceso que se lleva a cabo por los hechos ocurridos ese miércoles 6 de diciembre de 1989.

Nos tocó una parte de la guerra que simplemente dejó dolor, huérfanos, discapacitados y las investigaciones siguen en lo mismo”, manifestó Hernando al mismo medio.

//infobae